Mamá nunca me disfrazó

En estos días de festividad, alegría, color y risas…

Veo a muchos niños y niñas sin nada de estas cosas. Arrastrando un disfraz que no les gusta, haciendo un desfile donde todos se van dando golpes al son de una música, donde padres y madres hacemos todo lo posible para tenerlo justo a tiempo, quitándonos horas de sueño, de tranquilidad y de relax, para sustituirlo por estrés, gritos y malas caras.

Los más pequeños van cogidos de una cuerda, donde no entienden lo que pasa a su alrededor, ruido, gente y demás fuentes de estrés que desde sus pequeñas mentes, no interpretan ni les dan significado alguno.

Muchos de esos padres y madres, que yo también soy una de ellos, lo hacemos desde una intención dulce y amorosa hacia nuestros pequeños pedacitos de cielo, para poder ofrecerles un día inolvidable y seguir llenando su maleta de experiencias, que poco a poco, les va formando como las personas que serán mañana.

Todo surge desde una intención amorosa y dulce hacia nuestros pequeños cachorros… ¿seguro?

Te invito a reflexionar de dónde sale la necesidad, ¿del niño o niña?, o ¿de los padres?. En muchas ocasiones, en mi consulta escucho decir a algunos de los padres y madres que atiendo… “conmigo no lo hicieron”, ” nunca me llevaban a ningún sitio”, “mamá nunca me disfrazó”.

Por lo tanto si la premisa es que conmigo no lo hicieron y no quiero que a mi hijo o hija le pase lo mismo, ¿de quién es la necesidad? ¿a quién le queremos demostrar? ¿y el que?

En muchísimas ocasiones, muchas de las decisiones que tomamos va enfocado desde NUESTRA perspectiva, para sufragar necesidades o experiencias que nosotros no tuvimos de pequeños.

Y eso no nos deja ver a nuestro hijo o hija del presente, todo va teñido de nosotros y no de ellos, todo va teñido de mi visión y no de la suya.

Una vez más los niños y niñas del ahora, no tienen VOZ. Aunque ellos y nosotros mismos pensamos que sí.

 

¡Buen día de Carnaval!

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El duelo

El duelo…

que palabra tan corta…

que palabra tan sencilla…

que palabra tan inherente a la vida…

que palabra tan dolorosa…

Pasa desapercibida, como un pequeño remolino de agua en medio de un océano. A veces no nos damos cuenta que está ahí, pidiendo paso a través de pequeños gritos nunca escuchados y ahogados en el más profundo de los silencios.

Pasa desapercibida como una pequeña grieta en medio de una gran montaña, que se formó ya hace algunos años y que permanece aparentemente inmune al tiempo.

El duelo… el silencio… el dolor… la falta de espacio… la incomprensión del otro… el miedo… la soledad.

Demos voz a ese aullido que sale de las entrañas, lloremos, gritemos, saltemos, como si no hubiera un mañana. Ya que si no lo hacemos, nuestro mañana se volverá pasado, un pasado teñido de oscuridad y tristeza que nos embargará de por vida.

Luz…

Voz…

Dolor…

Sufrimiento…

En definitiva VIDA.

Mamá cómprame un trocito de Luna

Se aproximan fechas especiales, donde estamos muy preocupados por hacer la vida de nuestros hijos e hijas, un poquito más especial.  Son fechas de alegría, de compartir, de armonía, de amor y de familia. Las calles se iluminan, la gente es más amable, todo el mundo se muestra muy feliz y compasiva con el otro y su entorno, todo el mundo MIENTE.

¿En serio os creéis toda esta patraña?

Los niños y niñas de Occidente, hacen sus cartas a Papá Noel y a los Reyes Magos o a ambos (depende de la idiosincrasia de cada familia), donde piden, y piden, y piden, y piden no sé cuantos cachivaches y demás juguetes, que van llenando sus habitaciones de más y más cosas. Donde cada uno de nosotros hacemos limpieza de juguetes antes de que llegue la gran marabunta de regalos , y en algunos casos los llevamos a centros sociales o ONG’s que nos aseguren que esos juguetes van a llegar a manos de un niño o niña que lo necesita.

¿Necesitar? Gran verbo… con gran profundidad y tal calado gramatical, que ha perdido la esencia del concepto. ¿Qué necesitamos? ¿Habitaciones llenas de juguetes? ¿Niños y niñas hiperestimulados con la última tecnología? ¿Grandes superficies llenas de trastos con mucho color, mucho sonido y mucha luz? ¿Acaso necesitamos alejarnos cada vez más de la auténtica “necesidad” del ser, de la esencia más profunda del ser humano, de lo que realmente somos y hemos pervertido a tal magnitud? ¿Realmente quiero dejar este legado a mis hijos e hijas?

Los más pequeños ya no saben que pedir, ya que la magia ha pasado, la inocencia es un vago recuerdo y ya no hay sentido de esperar algo el día de Nochebuena porque lo tengo cuando quiero. Y los medios de comunicación y las redes sociales se llenan de anuncios navideños donde atacan directamente a nuestro primer cerebro, aquel más emocional y primitivo, que ya hemos olvidado, porque ya no escuchamos lo que realmente NECESITAMOS, sino lo que me han dicho que necesito para SER. Gran diferencia de interpretación. Anuncios y spots publicitarios donde tienen que recordarnos, que lo importante es estar con nuestros hijos e hijas, porque el tiempo de calidad supera con creces la cantidad de regalos, mientras nos meten una cuña publicitaria de algún producto.

Mientras tanto nuestros hijos e hijas siguen diciendo “Mamá cómprame un trocito de Luna”, ya que veo que no me puedes dar lo que realmente NECESITO, estar contigo. Y mientras la vas a buscar, te olvidas de esta absurda creencia de crear tanta magia y tanta mierda. Cuando todo y absolutamente todo, se reduce al TÚ y YO y NADA MÁS.

Estela Berenguer

Suelta y crecerás

Hace unos días me presentaba, soy Estela Berenguer, Educadora y Terapeuta Familiar. Y sobretodo la parte más importante de mi currículum es que soy madre hace algo más de 7 años. Hecho que me ha hecho vivir con más consciencia y plenitud.

Hoy voy a hablar de la importancia de “soltar” para poder crecer. Y yo me pregunto ¿qué es soltar? ¿A qué me refiero cuando afirmo que cuando sueltas creces?

Según la Real Academia Española, la palabra soltar se define como: ” Dejar ir o dar libertad a quien estaba detenido o preso”. Durante el trayecto de nuestra vida, como el camino que recorremos hasta culminarlo con la muerte, vamos acumulando experiencias, sensaciones, sentimientos, angustias, alegrías, etc. Unas positivas, unas negativas, pero todas ellas necesarias para ir avanzando como personas. Pues bien, llegados a este punto hay que hablar de nuestro sistema de origen, entendido como el núcleo familiar donde nos engendramos, nacemos y nos desarrollamos. Es la parte que nos muestra cómo relacionarnos, cómo amar, cómo comunicarnos, y sobretodo cómo entender el mundo a través de todas las creencias que nos acompañan. Todo esto teñido de un velo de veracidad que sólo cuestionarlo, nos invade una sensación de traición, de desasosiego. Lo validamos sin más. Los niños y las niñas lo aceptamos sin más.

Cuando crecemos, y somos adultos, y, en ocasiones, entran a debate ciertas formas de entender la vida, es cuando se abre una fractura entre lo que “creemos que somos” y lo que somos. Se abre una fractura que hasta ese momento parecía infranqueable, pero que cada vez demanda más nuestra atención y no podemos hacer oídos sordos. Se abre una fractura que estamos obligados a traspasar, porque ya no hay vuelta atrás.

Sentimos miedo, pavor, pánico, angustia, porque no sabemos lo que hay al otro lado, pero debemos SOLTAR el pasado para poder enfrentarnos a un futuro, que nadie nos garantiza como será, que no sabemos que nos deparará, ¿será mejor que lo conocido? Sigue leyendo

Agresión por hacer lo que le gusta

Hace unos días, en mi tierra, Mallorca, sucedía un episodio que todos ya hemos escuchado. La agresión a una niña de 8 años en un colegio de la capital. Un episodio doloroso, confuso y sobretodo que abre, en mí, una incertidumbre considerable. Pero ya se ha hablado mucho de si los profesores estaban presentes o no, de si los protocolos sobre acoso y bylling en los centros educativos funcionan o no, de si nuestros hijos e hijas están protegidos o no, etc.

Creo que ya se ha hablado mucho sobre eso y no voy a entrar ahí. La polémica ya está servida y considero que ya poco se puede añadir.

Donde sí voy a entrar, es en algo mucho más de base, en algo que habitualmente pasa desapercibido y que cómo hemos sido educados así, legitimamos y validamos como parte de nuestros roles asignados. Señores y señoras, esta niña fue agredida por ser niña, por jugar al fútbol y por dejar en evidencia a un grupo de niños (varones y machitos), donde vieron agredida su imagen, porque una niña realizaba una actividad poco habitual.

Era una niña valiente, que hacía lo que le gustaba, sin cuestionarse razones de sexo, que disfrutaba de una actividad en su tiempo de recreo, que todavía no está contaminada por los roles asignados con el género y que cuenta con toda la libertad para hacer lo que le de la gana en su tiempo libre, sólo faltaría ¿no?

Es una niña que seguramente ha aprendido de repente, las normas del juego que, por desgracia, están impuestas en esta sociedad. Es un niña que ha perdido la inocencia de un plumazo. Es una niña que seguramente dejará de jugar al fútbol, porque una serie de personas, concretamente niños, han decidido por ella.

Debemos hacer una reflexión profunda sobre estos 3 puntos:

  1.  Parece que es una circunstancia propia del siglo pasado donde las mujeres no tenían los mismos derechos que los hombres, amparados por la ley del momento.
  2. ¿Qué les enseñamos a las niñas y a los niños de hoy en día para seguir reproduciendo este modelo?
  3. No olvidemos que los responsables últimos, somos los padres y las madres como principales agentes educativos de nuestros hijos e hijas.

 

Estela Berenguer